El "locus amoenus" (lugar ameno y paradisíaco) es un tópico literario que consiste básicamente en la descripción poética e idealizada de la naturaleza, con elementos naturales que se repiten (prado, sombra, aves...) y que tiene el objetivo de crear un ambiente perfecto, un entorno idílico.
En Eneida VI, 638-641, cuando Eneas, en su viaje al Infierno, llega a los Campos Elíseos, aparece el adjetivo amoenus con el significado de ameno, agradable, placentero.
His demum exactis, prefecto munere diuae,
deuenere locos laetos et amoena uirecta
deuenere locos laetos et amoena uirecta
fortunatorum nemorum sedesque beatas.
Y amoenus es el adjetivo que Virgilio que aplica constantemente a la naturaleza hermosa. Así en Eneida V, 734:
... Non me impia namque
Tartara habent, tristes umbrae, sed amoena pirum
concilia Elysiumque colo.
Y en Eneida, VII, 30
Hunc inter fluuio Tiberinus amoeno
uerticibus rapidis et multa flauus harena
in mare prorumpit.
Para Servio son lugares amenos los que sólo sirven para el placer, los que no están destinados a fines utilitarios. Así, en su obra In Vergilii Aeneidos Libros, comentando Eneida, V, 734, 1-3, dice.
amoena "amoena" sunt loca solius uoluptatis plena, quasi
"amunia", unde nullus fructus exsoluitur: unde etiam
nihil praestantes "inmunes" uocamus.
El locus amoenus es un paraje hermoso y umbrío; sus elementos esenciales son uno o varios árboles, un prado y una fuente o arroyo; a ellos puede añadirse un canto de aves, unas flores y, aún más, el soplo de la brisa
Este tópico del locus amoenus constituye desde tiempos del Imperio Romano hasta el siglo XVI el motivo central de todas las descripciones de la naturaleza.
En Teócrito y en Virgilio estas descripciones eran el escenario donde se desarrollaban las escenas pastoriles de su poesía bucólica. Pero muy pronto las descripciones se desprendieron de ese contexto bucólico par convertirse en objeto de pinturas retorizantes.
El primer ejemplo de descripción de este tipo, es decir, no bucólica, en la poesía latina, son los siguientes versos de Petronio, cap. CXXXI
Mobilis aestiuas platanus diffuderat umbras
et bacis redimita Daphne tremulaeque cupressus
et circum tonsae trepidanti uertice pinus.
Has inter ludebat aquis errantibus ammis
spumeus, et querulo uexebat rore lapillos.
dignus amore locus: testis siluestris aëdon
atque urbana Procne, qua circum gramina fusae
et molles uiolas cantu sua rura colebant.
La más hermosa descripción de locus amoenus en la tardía poesía latina aparece en un poema de Tiberiano, que floreció en la época de Constantino:
Amnis ibat inter herbas ualle fusus frigida,
luce ridens calculorum, flore pictus herbido.
Caerulas supernelaurus et uirecta myrtea
leniter motabat aura blandiente sibilo.
Subtus autem molle gramen flore puchro creuerat;
et croco solum rubebat et lucebat liliis.
Tum nemus fraglabat omne uiolarum spiritu.
Inter ista dona ueris gemmeasque gratias
omnium regina odorum uel colorum lucifer
auriflora praeminebat flamma Diones, rosa.
Roscidum nemus rigebat inter uda gramina:
fonte crebro murmurabant hinc et inde riuuli,
quae fluenta labibunda guttis ibant lucidis.
Antra muscus et uirentes intus hederae uinxerant.
Has per umbras omnis ales plus canora quam putes
cantibus uernis strepebat et susurris dulcibus:
his loquentis murmur amnis concinebat frondibus,
quis melos uocalis aurae musae zephyri mouerat.
Sic euntem per uirecta pulchra odora et musica
ales amnis lucus flos et umbra iuuerat.
(Antología Latina, I,2, núm. 809)
En este poema Tiberiano da a un paraje ameno todo el esplendor de colores de la tardía Antigüedad y hoy se le aplicaría el calificativo de "impresionista".
En la Edad Media abundan descripciones de este tipo, en las que se insertan nuevos elementos: los frutos de los árboles, las abejas con su miel, la vid y el vino, et. Un ejemplo muy claro de locus amoenus son los primeros versos de Los milagros de nuestra Señora de Berceo:
Yo, el maestro Gonzalo de Berceo llamado,
yendo de romería acaecí en un prado
verde, jamás pisado, de flores bien poblado;
lugar muy deseable para el hombre cansado.
Daban intenso aroma las flores bien olientes,
refrescaban al hombre las caras y las mentes;
manaban cada extremo fuentes claras, corrientes,
en verano bien frías, en invierno calientes.
Gran abundancia había de buenas arboledas,
higueras y granados, perales, manzanedas;
había muchas frutas de diversas monedas,
pero ninguna había ni podrida ni aceda.
El verdor de aquel prado, el olor de las flores,
las sombras d elos árboles de templados sabores,
refrescáronme todo y perdí los sudores:
vivir uno podría con aquellos olores.
Ejemplos de utilización de este tópico en el Renacimiento aparecen en las Églogas de Garcilaso:
Corrientes aguas puras, cristalinas,
árboles que os estáis mirando en ellas,
verde prado de fresca sombra lleno,
aves que aquí sembráis vuestras querellas,
hiedra que por los árboles caminas,
torciendo el paso por su verde seno
(Égloga I, estrofa 18)
Convida a un dulce sueño
aquel manso rüido
del agua que la clara fuente envía,
y las aves sin dueño,
con canto no aprendido,
hinchen el aire de dulce armonía.
Háceles compañía,
a la sombra volando
y entre varios olores
gustando tiernas flores,
la solícita abeja susurrando;
los árboles, el viento
al sueño ayudan con su movimiento.
(Égloga II, 64-76)
El tópico del locus amoenus reaparecerá en el Romanticismo, pero situado, no en un plácido jardín, sino en medio de un bosque salvaje, modalidad que tiene su antecedente en el idilio de Teócrito sobre los Dióscuros.
El tema del lugar ameno, como símbolo del retorno del hombre a la naturaleza, es, pues, uno de los tópicos heredados de la literatura clásica, especialmente cultivado en la medieval y renacentista y que, en diversas formas ha estado presente en la literatura posterior.

1 comentarios:
Vaya currada, Parisatis. Bienvenido a la blogosfera. A pocas entradas como ésta, tendremos un blog enciclopédico.
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